EL PROBLEMA CON EL PLÁSTICO

Hay cientos de millones de toneladas de plástico en nuestros mares y ríos.

La contaminación de los océanos por plástico es uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo.

Según la Universidad de California, en todos estos años hemos puesto en circulación 8.300 millones de toneladas de plástico a nivel global. Se estima que se arroja al mar el equivalente a un camión lleno de basura… ¡cada minuto!

De no lograr cambios significativos, para 2050, el peso del plástico en los océanos superará al peso de todos los peces que los habitan.

El 80% de la basura presente en el mar es plástico, y de esos plásticos, el 60% corresponde a plástico de un solo uso.

Vino para quedarse

El plástico no desaparece, permanece en el ambiente durante siglos. Prácticamente todas las piezas de plástico que se fabricaron todavía existen. No se descompone, si no que solo se rompe, haciéndose cada vez más chico hasta que finalmente se convierte en microplástico, partículas de tamaño menor a los 5 mm de diámetro.

Y se mete en nuestros cuerpos

El microplástico se encuentra en buena parte del agua potable y también dentro de los peces.

Los efectos futuros sobre el ser humano son incalculables. Un estudio reciente sobre peces en el Pacífico sur mostró que el 97% de todas las especies de peces muestreadas contenían microplásticos. Es altamente probable que comer pescado que haya consumido microplásticos (o tomar agua con microplásticos) tenga consecuencias en la salud.

Está matando a los animales

Desde quedarse atrapados en redes, hasta comer plástico confundiendolo con alimento, la vida silvestre en todo el mundo está muriendo a causa del material que fabricamos. Un millón de aves marinas y 100.000 mamíferos marinos mueren anualmente a causa del plástico en nuestros océanos: asfixiándolos, enredándolos y  envenenándolos lentamente, o privándolos del alimento adecuado. Muchos de esos animales están en la lista de especies amenazadas o en peligro de extinción.

Contribuye a las emisiones de carbono

La huella de carbono de una botella de plástico deja rastros de emisión de CO2 a lo largo de sus diferentes etapas, desde la extracción de combustibles fósiles, pasando por su conversión en resina, siguiendo por la conversión de resina en plásticos, luego su transporte, un breve consumo y disposición final.

Una forma de visualizar este rastro es imaginar una botella de agua llena hasta un cuarto de su capacidad con aceite. Se trata de la cantidad de aceite que hizo falta para producir la botella. Además, se requiere el agua equivalente a tres de esas botellas llenas para producir esa botella.

Islas gigantes de basura

No figuran en los mapas, pero en nuestros océanos existen cinco islas gigantes de plástico flotante, que amenazan con erradicar buena parte de la vida marina y contribuyen al cambio climático. Algunas de estas manchas de basura —como la del Pacífico Norte— tienen un tamaño equivalente a Francia, España y Alemania juntas.

Son el resultado de más de seis décadas de plásticos vertidos al océano, procedentes de tierra firme y del tráfico marítimo.

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Fuentes

Refill NZ, (2021): ¨El problema con el plástico¨

-Aquae Fundación: ¨Mar de plásticos: cuánto plástico hay en el mar y los océanos¨

-Oceana: ¨Vida marina muriendo por equipos de pesca¨

-Novapet: ¨Examen de la huella de carbono basado en el análisis del ciclo de vida de un material¨

-Iberdrola: ¨Islas de plástico¨